domingo, diciembre 17, 2006

Xmas

Cae la nieve sobre el tejado. Las ventanas están empañadas. Cae la nieve sobre el tejado y luego se desliza sobre las paredes. El techo es alto. Demasiado alto. No alcanza a llegar a la araña de cristal. Extiende la mano. La mano se pierde en la altura. El techo es alto. Cae la nieve sobre la acera de la calle y se amontona. Se vuelve gris con el tiempo. Junta mugre, una mugre fea por que es gris. No le gusta el gris. Nunca le gustó. Prefiere el azul o el amarillo. Antes le gustaba el colorado, ya no. Cae la nieve sobre el auto de papá. Cae despacio y se amontona. En el asiento trasero olvidó el gameboy y está aburrido. La siesta se hace eterna bajo la nieve. Las llaves del auto están en la pieza de papá. Papá está durmiendo. El auto está cerrado y tiene que quedarse sentado, aburrido, mirando por la ventana como el auto se va cubriendo de nieve. El gameboy en el asiento de atrás. Junto a la mochila del colegio.
Cae la lluvia sobre el techo de cinc y se va juntando en la canaleta. Cae la lluvia, se llenan las zanjas. A la noche los sapos van a dar vuelta por todo el patio. El pasto esta alto. Cae la lluvia y va formando charquitos. La pileta rebalsa. El agua podrida rebalsa y se mezcla con el agua de lluvia. La pelota de plástico se está pudriendo en el patio. Las palmeras se mueven. Cae la lluvia pero la bicicleta está en el cuartito y no se moja. Tiene la rueda de adelante desinflada y se le cortaron los frenos.
Cae la lluvia y no salen las chicharras. El paraíso del frente se inclina hacia el costado y amenaza con quebrarse. El viento lo mueve. Sobre la zanja flota una botella de plástico sin etiqueta. Cae la lluvia sobre el techo de cinc y se va juntando en las canaletas. Es una siesta aburrida. La calle está embarrada y el heladero no pasa.
Do you like xmas? - I guess I do. - So, perhaps tomorrow you'd got a present. Who knows… maybe Santa would let you a new video game - I want an ice cream. - An ice cream? I don't think so. - Quiero un helado.
La mesa esta lista. Están puestos los vasos. El mantel de color verde y rojo. Los platos. La mesa es chiquita y hay lugar para cuatro.
¿Papá, vamos a ir a comprar cohetes?. - I don't think so. Don´t you realize the people doesn't used to play with fireworks at Christmas?. Yo quiero cohetes. No le importa. El quiere cohetes. He wants his firecrackers. He would shot them off at midnight when all the people say Feliz Navidad.
Papá. Por favor. No hay cohetes acá, ¿no te das cuenta?.
La mesa esta lista. Están puestos los vasos. La mesa es chiquita y hay lugar para cuatro. Se acuerda del gameboy que olvidó en el auto. Le pide las llaves al padre y lo trae de vuelta. Está en el level 5 y con dos días más de práctica seguramente llegará a la final. Dirá game over y el se aburrirá del juego. Lo dejará tirado en el cajón junto a las Mad y los micromachines.
El viejo paraíso está seco. El sol salió de golpe con furia y se llevó la lluvia. La tierra está mojada todavía un poco. El frasco de mayonesa está vacío. El sol salió de golpe y se llevó la lluvia. La tierra está mojada, pero muy poquito. La tierra está repleta de aujeritos. El sol salió y se llevó la lluvia y dejó la tierra seca. El frasco de mayonesa se va llenando de a poco. Se llena de bichos. De pequeños bichos. Bichos chiquitos que salen de los aujeritos del piso. Son unos bichitos negritos que cantan y te avisan que ya es temporada de sandías. Sandías como el melón, si, pero rosadas. Melón de agua, sí. Guatermelon.
El sol salió de golpe y se llevó a la lluvia y dejó la tierra seca para que salgan las chicharras. Corren de un lado a otro y el frasco se llena. El juego aburre. Ya ni siquiera cuentan las chicharras que van entrando en el frasquito y después lo dejan. Lo apoyan despacito junto al tronco del paraíso y corren al quiosco a comprar los cohetes. El año pasado les vino dos cañitas falladas. No voy a comprar chasquibum por que es para los más chiquitos. Rompeportones, esos sí y cañitas voladoras. Muchas cañitas. ¿No vienen falladas, no?. El año pasado me vinieron dos falladas.
La mesa está lista. Están puestos los vasos. El mantel rojo y verde. La mesa es chiquita y hay lugar para cuatro. Tengo hambre, papá. Hay que esperar a Fane. You´ve to wait. Está en el level 5. Con un poco de práctica seguramente llegará a la final. Dirá game over. Pero mañana cuando se levante Santa le habrá dejado un nuevo juego y todo empezará de vuelta hasta el 6 de enero. La mesa está lista y hay que esperar a Fane. La araña de cristal está encendida. El techo es alto. Demasiado alto. Extiende la mano pero no llega. Afuera la nieve cubrió por completo el auto de papá. El auto azul de papá ahora es blanco por que la nieve es nueva. Cae la nieve. Cae sobre el tejado y se desliza sobre las paredes. Afuera las luces pintan el auto de papá. Ahora es rojo por que lo pintan las luces. Cae la nieve y se empañan las ventanas. La mesa está lista y hay lugar para cuatro.
El sol salió y se llevó a la lluvia y dejó la tierra seca para que salgan las chicharras. Las chicharras están presas en el frasco de mayonesa que custodia el paraíso. Se van ahogando despacito porque se olvidaron de hacerle los aujeros a la tapa. El sol salió y se llevó la lluvia y después volvió a ocultarse. Esta me vino fallada de vuelta. No puede ser. No le voy a comprar más al viejo de la esquina. Son todas truchas.
Los sapos andan dando vuelta por ahí. Espantados por los cohetes. Un sapo explota. No se movió de al lado del rompeportón y explota. El sol salió y se llevó la lluvia y trajo a la noche y volvió a ocultarse.
Las chicharras se están ahogando y esta cañita por fin no vino fallada. Están húmedas, dejalas que se sequen.
La mesa esta lista. Están puestos los platos. Hay que esperar a Fane. Está en el level 6. Con un poco de práctica en dos días lo termina. Pero lo aburre. La mesa es chiquita y hay lugar para cuatro. El mantel es rojo y verde y papá estoy aburrido, ¿puedo salir afuera?. Cae la nieve pero poquito. Cae despacio. Arma una bola con la nieve. El pullover le molesta. Pica la lana nueva. Arma una bola con la nieve y la tira contra la rueda del auto. El auto de papá esta pintado de rojo porque lo pintan las luces de navidad. Oye a lo lejos un diálogo imposible. Sonríe y araña la nieve. Oye un diálogo imposible mientras se acuerda de las bolitas de vidrio que olvidó en el escondite. Cae la nieve pero poquito. Cae despacio. La mesa está lista. Hay que esperar a Fane. La mesa es chiquita y hay lugar para cuatro.
El sol salió y se llevó la lluvia y trajo la noche y volvió a ocultarse. El viento sopla. Llega la brisa del oeste. Las chicharras se están ahogando en el paraíso. Un sapo explota. El frasco de mayonesa está lleno de chicharras que se ahogan porque se olvidaron de hacerle los aujeritos a la tapa. El sol salió y se llevó la lluvia y después volvió a ocultarse. El viento agita al viejo paraíso. Una cañita asciende pero no explota. Cae al piso. Vino fallada. El viento sopla. Voy a comprar más cohetes antes de que cierren. No más cañitas. Rompeportones, sí y chasquibum para mi hermanito. Llega la brisa del oeste y desaparece y deja al paraíso tranquilo custodiando a las chicharras. Las chicharras se están ahogando y nadie sacó la tapa. Estaban húmedas. Son todas truchas. No le voy a comprar más al viejo de la esquina. El sol salió y se llevó la lluvia y trajo la noche.
Hay que esperar a Fane. La mesa esta lista. Están puestos los vasos. La mesa es chiquita y hay lugar para cuatro. Pica la lana nueva. Cae la nieve pero poquito. Cae despacio. El pullover nuevo le molesta. Desde la ventana papá esta observando. La mesa está lista. Hay que esperar a Fane. Cae despacio. El auto de papá ahora es blanco por que la nieve es nueva. Escarba silenciosamente. Escarba furioso, sorprendido. Cae despacio. Se saca los guantes. El frío lacera. Cae la nieve pero poquito. Las manos se insertan en la insoportable nieve. Cae despacio. Escruta el hielo. Las manos queman. No entiende, por qué en la nieve de Vermont no quieren salir las chicharras.



domingo, diciembre 03, 2006

Las Moscas.

Las Moscas.

Plan Be: Una vez abierto consumir dentro del lapso indicado. Consumir preferentemente antes de la fecha de vencimiento. Y desechar lo no consumido antes de la fecha de vencimiento.Consumir preferentemente antes del 12 de diciembre. No dejar que la leche se pudra

Receta Moloko: Ponga la leche en el fuego a esperar que hierva. Cuando la leche esté lista (nótese cuando hace burbujas y está a punto de salir de la jarra) agréguele 20 gramos de Cannabis y revuelva durante 5 minutos.
Cuando la leche se espesa quiere decir que está a punto. Agregue azúcar a gusto y tome media taza, un vasito de moloko como máximo.
Luego vaya al cine. Pase por el Gaumont. Ahí estan pasando una pelicula hecha en San Telmo. En Chile 672. Hay pedofilia. Suicidio. Asesinato. Curros. Putas. Locas & viejas. Hay de todo un poco.
Una vez abierto el sachet de leche debe consumirse en 24hs, 36 como máximo. Luego se cuaja. La leche se cuaja a una temperatura de 30-37° C. Luego se llena de moscas. Las moscas son demasiado molestas. Incluso de día. Pero es cuando llega la noche que se vuelven insoportables. Es en ese momento en el que hay que encender un cigarrillo e intentar ahogarlas con el humo.

A veces esto no funciona. Hay ciestas moscas que son inmunes a todo, incluso al intoxicante humo de los cigarrillos negros. Y se quedán ahí revoloteando, posándose en todo con sus patas embadurnadas de mierda. Y todo lo que tocan se convierte en mierda. Las moscas son como el Rey midas. Van posando sus patitas embadurnadas sobre lo que encuentran y al instante lo convierten en mierda. Y la leche cuajada se lleno de moho. Pronta a ser queso embadurnado de mierda via aérea flyshit.

Importante: no quedar paralizado. Hay que lograr evitarlas. Si las moscas se las ingenian para tocarlo. Para mancharlo con sus patas embadurnadas de mierda, corra rápido al baño a lavarse.
El trauma que pueden producirle las moscas es irreversible.

En el cine se ha descompuesto el aire acondicionado. Entonces nos toca ver la pelicula sudando, mientras reconozco lugares de San Telmo que frecuento de manera cotidiana. Y no puedo dejar de pensar que todo se trata de una paranoia gigante.

La combi-transporte de escolares doble por Chile & Balcarce y va por Balcarce hasta un descampado. Para que la nena le chupe la pija al portero del edificio. Mientras dos viejas incomodas hacen viento con el programa para sofocar el calor.


Advertencia: no quedar dormido luego del moloko en plena habitación sin ventilación. El calor hace que la leche se cuaje. Cuando la temperatura asciende a más de 30º hay peligro de que la leche se descomponga, atraiga a las moscas. Cuando algo se cuaja vienen las moscas.
No dejar que la leche moloko se cuaje. Si llegase a quedarse dormido junto a a la leche cuajada no olvide evitar que las moscas coloquen huevos en su cuerpo y lo utilicen como incubadora. Que florezcan los huevos y que un día reviente y este lleno de parásitos de mosca dando vueltas en su estómago.
A ud puede resultarle absurdo temerle a las moscas. Pensar que pueden incubar en su estómago hasta volverlo un globo y luego explotar como si fuera Alien. Pero es así. Y no puede evitarlo. Las moscas por necesidad buscan lugar donde alojarse. Eligen lo podrido, lo que no tiene punto de retorno.

Muchas veces es frecuente que las moscas reconozcan el temor humano. Esto es peligroso puesto que pueden ejercer sobre ud un dominio absoluto y llegar en caso extremo a neutralizarlo. Anularlo y utilizar su cuerpo como incubadora.

Por eso cuando llega la noche encienda un cigarrillo negro y trate de ahogarlas. Si siente que es iníutil, que las moscas desafían su autoridad, no lo dude: es muy problable que esten esperando que las mate. Que tome el matamoscas y las aplaste. Una por una. Pero no se anime. Es muy probable que al matar a una el resto se confabule en contra suya. Buscaran anularlo y utilizar su estómago como incubadora. Si esto sucede, existen escasas posibilidades de que pueda deshacerse de ellas. Si esto llegara a pasarle. Si algún día las moscas se decidieran a meterse en su cuerpo. Pero esto no va a suceder siempre y cuando ud no se quede dormido luego del moloko en plena habitación sin ventilación.

Encienda el aire acondicionado. No olvide cerrar la puerta-balcón y siéntese en el sofá a beber su moloko y luego vaya al cine. Vea Chile 672 y luego vuelva a su casa. Sientese en la mesa y observe a las moscas copulando sobre ella. Ejerciendo ese acto repulsivo sobre su mesa. Sobre la misma mesa en la que luego ud comerá. Y es inútil. No lo intente, por más que las espante ellas volverán. A reproducirse. A burlarse de ud en su cara. A copular de manera licenciosa sobre la madera de caoba. Sobre la madera donde luego ud acabará por tomar el desayuno o la cena.

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viernes, diciembre 01, 2006

CHEJOV


La camisa era de color rosada. Un rosa tiza. A rayitas y con unos extraños botones blancos diminutos. L se colocó la camisa, le quedaba grande. Le colgaba en los brazos y alcanzaba a cubrir la mitad de sus muslos.

- ¿Te gusta?

Sonreía embobada. La idea de usar la camisa la volvía radiante. Parecía contenta. Como si afirmara su propiedad. A él le parecía muy cursi. Como sacado de una película de Woody Allen donde Diane Keaton usa una camisa celeste de hombre mientras fuman un cigarrillo de marihuana y hablan de Las gaviotas de Chejov.

- ¿Te gusta?. Repitió mientras saltaba en el colchón, se ponía de rodillas y le daba un beso.

No contestó. Simplemente sonrió. Le acarició la cara y la besó. En la radio algún desconocido agotaba la última estupidez de moda. Le acarició la cara y el pelo y la abrazó. La abrazó mientras miraba la mancha celeste de tiza. Una leve marca en el brazo derecho. Insignificante. Quizá la mancha no salga, pensó.

- ¿Querés que me la saque?
- No, ¿por qué me preguntas eso?
- No sé. Por ahí te molesta, que se yo.
- No, nada que ver.

La abrazó y le dio un beso profundo. Metió su lengua en la boca de L y le dio un beso profundo. Ella lo abrazaba. Lo rodeaba con los brazos mientras le besaba el cuello y repetía infinitamente: te quiero.

- ¿No te vas a aburrir de mi no?
- No, para nada.
- Porque no quiero que te aburras. Que pienses que soy demasiado pesada.
- No, me encanta, enserio. Me gustas mucho
- Sos re lindo
- Vos sos hermosa.

Volvió a mirar la mancha de tiza celeste en la camisa y recordó que la había lavado. Se había manchado con el taco del pool pero la había lavado. Sin embargo la mancha seguía ahí. Molestando.
Quizá la mancha no salga, pensó.

- Me encanta tu camisa
- ¿Es linda no?
- Es muy linda, en verdad.

Fue al baño. Cuando volvió ella ya se había cambiado. Había dejado la camisa sobre la cama y se había puesto un pantaloncito y una musculosa amarilla. Estaba cocinando. Se acercó y la abrazó. Le dio un beso en la mejilla y le acarició el pelo. Los perros rasgaban la puerta. Estaban excitados. Ladraban porque querían entrar. Ahora les llevo la comida, gritó L como si los perros la entendieran.
Pero hay que esperar a que se enfríe. La miraba desde la mesa. Sentado frente al ventilador tratando de escapar del calor. Era una mancha pequeña. Un leve trazo sobre el brazo derecho. Pero la había lavado y no salía.

- ¿Que querés comer?
- No sé. Cualquier cosa amor. Lo que vos quieras.

Hace mucho calor y la casa es chica. Demasiado chica y abierta. Los espacios abiertos cuando son chicos y están todos conectados te deprimen. El lugar es feo. Demasiado abierto también. Con pocas casas alrededor. Y calles sin asfalto. Busca un teléfono. Estuvo pensando en un teléfono durante todo el recorrido. El colectivo iba perdiéndose en la nada. En lo que para él representaba a la nada. Y a medida que avanzaba los espacios abiertos aumentaban. Los colores se reducían y el asfalto desaparecía.
La ubicación es importante, pensó. La soledad es importante. Pero la soledad acompañada. La extensión lo abrumaba. La imposibilidad de reconocer los espacios a su alrededor. Nunca había llegado hasta esa zona de la ciudad. Nunca había traspasado los límites de las avenidas más importantes.
El colectivo avanza. Y a medida que se aleja del centro de la ciudad uno percibe el retroceso. El colectivo avanza en línea recta aunque el recorrido no es lineal. Gira a la derecha cada 10 o 12 cuadras y sin embargo avanza en línea recta pero hacia la nada. El retroceso. Lo abruma comprobar como desaparece el asfalto. Como la ventanilla se va cubriendo de tierra y los colores desaparecen. La vista se vuelve monótona. Los espacios se ensanchan. A medida que el colectivo avanza y los colores se vuelven monótonos las distancias entre las casas son cada vez mayores. O carecen de infraestructura. El verde agobia. La superioridad del verde sobre el gris del cemento. Los colores tristes. Un marrón gastado, un rojo tiza.
El terreno es un caos. Carece de simetría. No existen las veredas y las puertas de las casas están colocadas a una distancia antojadiza. Y lo peor son las esquinas. Los espacios vacíos. El verde cargado de ausencia. El pasto crecido. Los yuyales asimétricos. Es un paisaje que molesta. La pobreza es triste. Es dispar y asimétrica. El caos que se engendra en la pobreza es abismal. Los espacios abiertos adoptan la forma que el contexto le permite. Y la necesidad residual va construyendo diferentes estructuras.
El colectivo avanza y él se pierde en el caos. Intenta recordar el recorrido pero el caos lo abruma. Le gustaría saber cuál es el punto preciso en el que termina la ciudad y empieza el vacío. Cual de todos los vértices que atraviesa marca el límite donde la ciudad se difuma y surge lo otro. Lo inabarcable. Lo impreciso.

- Me encantaría sacarte una foto, así desnuda.
- ¿En serio?
- Sí. Me encantan las espaldas desnudas. El contorno de las espaldas. No sé si conoces esas pinturas de mujeres desnudas...
- Puede ser
- Bueno … en ninguna se puede ver la cara. Solo el contorno de las espaldas. Espaldas impuras. Marcadas con pequeñas manchas casi imperceptibles.
- …
- Vos tenés una espalda muy linda.
- Gracias.



Cuando bajaron del colectivo advirtió que estaba en medio de la nada. En el culo del mundo, pensó. No tuvo que caminar demasiado, a treinta metros de la parada estaba la casa de L. Un portón de rejas azules, demasiado viejo, que había que empujar varias veces con fuerza para que cediera. Una casa pequeña y destruida en medio de un patio crecido. El mismo yuyal asimétrico que se repite en casi todos los espacios. Un par de perros cruza que ladraban insoportablemente. L abre el portón y ya los perros se le suben encima. Le rasguñan los muslos y los brazos. El trata de espantarlos. Los perros dan vueltas a su alrededor pero no saltan. No se animan a clavarle las uñas. El se enorgullece del poder que ejerce sobre los perros. N grita un par de veces pero los perros siguen dando vueltas a su alrededor mientras ella coloca el candado sobre la cadena luego que él ha empujado el portón de hierro varias veces para que se cierre. Y mientras L abre la puerta de la casa él evita que los perros ingresen. Escruta el lugar con extrañeza y evita que los perros ingresen.

- ¿A quien saliste tan linda?
- No sé. A mi mamá supongo (risa). No, mentira.
- Sos tan linda (sonrisa)
- (sonrisa ) Que comprador que sos

Notó que en la habitación no se sentía tan mal como en la cocina. No existía ese desorden de la ropa tirada en cualquier lado de la cocina - comedor - habitación. Esas dos camas repletas de ropa muy cerca de la mesa donde estaban comiendo lo habían deprimido. Parece una tontería pero es así. El desorden. La ropa tirada en cualquier lado. Lo ponía triste. Y sin embargo en la habitación se sentía bien. L lo abrazaba y le contaba cosas. El estaba distraído. Cerraba los ojos y trataba de escuchar lo que L decía pero la mayoría de las palabras se perdían en el ambiente. L habla. Habla sin parar. De cualquier cosa.
El esta distraído. Tiene los ojos cerrados. La abraza. L habla. Habla sin parar. El piensa en el sur. En una cabaña junto al lago. En la pesca con mosca. Limpiar las truchas. Piensa. Mientras L habla de algo que él pronto olvida. Piensa en una cabaña junto al lago. El calor de la chimenea. L habla de algo. Piensa en el sur.

- Que calor. Está pesado el tiempo
- ¿Querés que mueva el ventilador?, Por ahí no te da bien.
- No, esta bien dejalo ahí.

Le gustaría sacarla de ahí. Del caos de los yuyales asimétricos. De los espacios vacíos. Le gustaría llevarla bien lejos. A un lugar donde se sintiera cómoda. Donde él se sintiera cómodo. Luego piensa si no esta siendo demasiado egoísta. A ella parece no molestarle vivir en medio del caos. Le parece normal. No pide mucho. Solo que la cuide y no se aburra de ella. Pero el caos, dios mío. Cómo puede soportarlo. Y el calor. Es insoportable el calor. A él se le antoja que ahí hace más calor que en el resto de la ciudad. Como sí ese vértice perdido, el barrio más alejado de la ciudad, fuera un invernadero. Y el calor pareciera no reciclarse. Nunca.

- No te vas a aburrir de mí, ¿no cierto?
- No, te lo prometo.

Cuando L abrió la puerta de la casa fue como un golpe. Lo invadió la desdicha al reparar en el hecho de que la casa fuera tan triste. Tan chica y triste. La abrió despacio mientras él evitaba que los perros ingresaran. Entró de espaldas y cerró la puerta con tranca. Dio media vuelta y ahí estaba todo. La cocina junto a la puerta. A ambas puertas. La puerta que daba al patio y la puerta que acababa de cerrar. Un poco más allá estaba la mesa y el escritorio y la alacena, todo junto. Y los fideos se mezclaban con champúes y jabones. Un reloj junto a la harina marcaba las 7:30 pm. Un polvo veritas color rosa y un par de paquetes de yerba y harina.

- No comés más?
- No, no puedo.
- ….
- No me mires así.
- ¿No te gustó?
- Sí, cómo no me va a gustar. Pasa que no tengo hambre. Es la resaca. Disculpame. Hiciste todo eso para mí.
- Sí.
- Perdoname. Ahora va a sobrar todo.

Hubiera sido mejor avisar cuando todavía había teléfono. No veo un puto teléfono. Solo tierra y pasto verde. Verde crecido. Paisajes dispares. Molestos. El asfalto desaparece y surgen los espacios vacíos. Molestos. La falta de organización en un acoso. Una lesión. El caos asimétrico resulta insoportable. Parece estúpido que algo tan tonto le parezca importante. Que se preocupe por algo tan insignificante como la asimetría de los espacios. La falta de continuidad de las calles. Acaso es un despropósito pensar así. Muy hijo de puta. Pobre L. Ella se empeña en hacerlo todo para que me sienta bien.

- Contame un cuento así me duermo
- ¿Un cuento?
- Si
- Que clase de cuento
- No sé, cualquier cosa.
- Pero qué. Decime algo. No me sale nada así como así. Necesito una idea al menos..
- Que se yo. Algo que me ayude a dormir.
- Ahá.

¿Dónde termina el mundo? Se pregunta. ¿Dónde comienza el caos? ¿Al pasar la avenida? ¿Cuál es el punto preciso donde convergen? ¿Dónde está la frontera? Lo ignora. Le gustaría saberlo. Pero lo ignora. Le gustaría agarrar un mapa y marcar el punto preciso donde se encuentra. Preguntarle a L. Marcarle donde esta su casa y la distancia que hay entre ellas. Le gustaría agarrar el mapa y trazar un límite. Dibujar la línea imaginaria donde el ser pesa.

- ¿Me vas a venir a visitar?
- Seguramente aunque no creo que pueda solo. Necesito venir cuatro o cinco veces hasta que aprenda.
- No es tan difícil.
- Pero si parece un laberinto roto. Porque no hacen un colectivo que no dé tantas vueltas. O no sé, un tren al menos.

El colectivo llega a la esquina, EL corre para alcanzarlo. No va a parar. Pero para. El colectivero se apiada de él y el colectivo para justo cuando ya dio media vuelta. Que suerte. Si no tendría que haber esperado media hora más. Paga el boleto y se sienta. El sol le da en la cara y cierra los ojos. Mejor, no hay mucho para ver. Juega con el boleto rosado del colectivo mientras cierra los ojos. Los colores de los boletos son casi un insulto al lugar, piensa. Amarillos, verdes y rosados fosforescentes. Demasiado alegre.

- Yo no sé como podes vivir toda la vida acá y no saber las calles.
- No sé. Yo soy medio tonto para estas cosas. Muy distraído. No presto atención.
- No es tan complicado. Sólo es cuestión de acostumbrarse.

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lunes, noviembre 20, 2006

Cunnilingus



Entre vanguardia y sosiego cae la noche y Archie Sheep es un vástago perdido. Como un Caín andrajoso. Petulante. Que marca el ritmo de la distancia con un saxo espantoso. Cadavérico. Que suena a latoso y funesto. Cae la noche y yo me quejo de la puta que se olvidó su cartera el sábado en mi auto. Y no me dejó siquiera que le mostrara como hago el cunnilingus a cielo abierto. Metido entre sus piernas sin bragas. Acariciando con mi lengua erecta y pastosa la niebla de su espanto.

Te prometo mamita que te paso la lengua y se te hace agua ahí abajo y no podés decir que no si sabes lo que bueno. Te prometo que yo me quedo ahí un rato largo y no me quejo. Y vos poder menearte a cielo abierto mientras cae la noche. Que la brisa es gratis y yo aún tengo tiempo. Que si de amor se trata yo soy como un bebop sincero. Lento y conciso y hasta directo. A veces preciso sin perder las maneras. Que cuando mi lengua se atraviesa entre tus membranas y nervios recorrer tu espacio quiero sin perderme.

Pero la puta no es sincera y vacila. Y se pierde en un mar de dudas. Dice que no sabe si lo que digo es cierto. Que no sabe si creerme. Que ya esta cansada y no quiere caer de nuevo. Pero si sos boluda no es mi culpa. Yo solo quiero chuparte hasta el cansancio y decir luego. Mientras escucho a Joe Lovano que tu clítoris se sonrojaba al verme y jactarme al menos un instante de no ser tan funesto y pretencioso.

Le digo que tiene tiempo. Pero no mucho. Que tiene 5 minutos para responderme si le chupo o no la concha a cielo abierto entre dos sauces llorones y una luz de infierno. Y ella contesta que no sabe. Que no quiere caer de vuelta. Que esta cansada.

Yo vuelvo a cometer el mismo error de no fugarme. De insistir hasta el hartazgo. Cuando se muy bien que ella no quiere. Pero a mi me importa mierda que no quiera. Yo quiero ejercitar mi lengua y no perderme nuevamente. En la maraña solitaria de Callao y Corrientes al volver de madrugada. Solitario y Final. A mi casa de invierno donde Archie Sheep es un vástago perdido y Jackie McLean un swing perentorio.

Pasan los cinco minutos y yo quedo. Cansado de esperar mirando el cielo. Frente a su cara temblorosa y sin dueño. Y la observo durante veinte segundos sin decir cero. Y ella me observa también, Y se moja los labios. Me observa la bragueta del pantalón y se moja los labios. Traga saliva. Los ojos le brillan de desamparo. Me dice que si quiero me chupa la pija en un telo. Pero que abrirse de piernas, en medio de Palermo, con todos los autos doblando esa esquina ni en pedo. ¿Que te pensás que soy una puta?
Si, contesto. Eso pienso. Ella se queda en silencio. Encolerizada. Me dice que soy una mierda. Yo no pienso lo contrario. Le digo que tiene razón pero que eso no quita que quiera chuparle la concha en pleno Palermo.

La puta se baja del auto atolondrada, sin recoger su cartera. Se baja gritando las mismas frases tópicas que habré de escuchar luego. Que soy un animal estúpido. Un mierda sin sueños. Que no valgo para nada. A mi me importa mierda lo que diga.

Le grito antes de irme que olvidó su cartera. Y me río de ella mientras se pierde en la distancia. Gritando como una loca. Que le devuelva su cartera.

Entre vanguardia y sosiego se va la noche y Archie Sheep es un vástago perdido. Como un Caín andrajoso. Petulante. Que marca el ritmo de la distancia con un saxo espantoso. Doblo por Junín al fondo y me pierdo entre el mar de taxis detenidos frente a un semáforo cualquiera mientras Ernest Dawkins me masturba con Goldfinger.

A veces pienso que el jazz es un pobre consuelo.

sábado, noviembre 18, 2006

Guacho (Mujer.Sexo.Pombero)

Guacho




Soy un guacho de mierda. Un guachito que engendró un esquizofrénico. Importante: para triunfar en la vida hay que simular no ser esquizo. A veces pienso eso de ser un guacho es una limitación agradable para no tener que verse con la responsabilidad. Sé. No soy de lo mejor. Sé, soy un proletario con ínfulas de burgués que retrocede infinitamente, esperanzado con la idea espantosa de triunfar en la vida.
Ahora que pienso, pienso que nunca leí: para triunfar en la vida. Pero debí hacerlo. Sos un pelotudo. Un guachito norteño. Un delirante melodramático.
¿Tanto duele ser? Tanto cuesta no ser. Un cobarde. Debiste de elegir. Preferiste ser. Un cobarde. Luego no quejarse. Hay que aguantarse. Que Perón viniera con los juguetes. Pero que el tren no llegara. Nunca. Que ahí ni el tren llegaba. Y vos aguardabas. Como un pelotudo. Que ese tren llegara. Y te conformaste con la idea de que el tren llegara. Perón. Y el movimiento constante. Edilicio. De una frugalidad sin tiempo.
Nunca pensé. Pensé que eso era lo correcto: la espera. Y aguardar con el disfraz del drama que el teléfono sonara. Sabiendo, sabiendo perfectamente que el teléfono nunca iba a sonar. Porque la casa se hunde y nadie hace nada. Entones, ¿cuesta tanto no ser un cobarde?
El cliché del calor. El norte. En el norte el calor se hace agua. Se derrite el helado. La manguera está muy buena para meterse por el ano, y aguardar que la descarga desproporcional del chorro de agua me penetre. A ver si por un instante me dejo ser. Y el goce, que es vivencial, que cuando las lajas calientes me queman las yemas del pie, me éxito de pensar que no soy otra cosa que un maldito bastardo.
No me voy a olvidar nunca. Repite el melodrama. No me voy a olvidar nunca. Que el maldito engendro esquizofrénico osara recordarme, eso de que soy un guachito de mierda olvidado en el norte. En un pueblo tercermundista, subdesarrollado.
Dicen que el maldito de volver iba a volver en un avión negro. Negro como los negros de mierda que iban a esperarlo. Que de volver traería el maná y todos felices.
Pero nunca volvió. Entonces tuviste que quedarte esperando. Y te jodiste, como todos.

A la Turra la trajeron de prepo en medio del verano. Se le había muerto la madre y ya nadie que quiera hacerse cargo. La madre que la parió y luego se muere. Y la intrusa que entonces la echa in the cesto. Dicen que el pombero se le aparece en la siesta a la mujer que está sola, y cuando se agacha para recoger la ropa destendida en el suelo llega el pombero y la procrea para su mayor descendencia, y la mujer vuelve extrañada a encontrarse en la pieza con el radioteatro encendido mientras abuelito aún duerme la siesta de invierno.
La sin razón que grita un grito desproporcionado de estatus. Que se aglomera en el encéfalo raquídeo de un cuerpo mulato. Negroso casi sin culpa. Pero negroso al fin. Que no calla. Pero cesa de parir. Porque al pombero lleva caña una noche. Entonces la intrusa que descubre el echo y la destierra. Para llegar a la puerta de los Doldán, sudada y vestidita de luto. La matrona la recibe casi sin ganas pero la recibe al tiempo que vigila esas manitas rápidas para asear la ropa, que de tan rápidas quizá se confunden con algún gemelo, con algun pendiente de regalo.
La turra se quita el anillo. Único. De su madre que la parió ya muerta. Que la dejó en la nada de una perversa ajena. Y dele que te dele con la ropita hasta quedar bien limpia. Que el doctor ha de salir tempranito a visitar el enfermo.
El jodido judío asesino respondió el abuelito. Y Doldán volvió a mover la cabeza haciendo un gesto de reprobación. Mamita se apresuraba a servir el té. Pero el doctor apurado lo dejó para otra oportunidad. Apremia el tiempo mamita. Apremia. Y el doctor que se va sin despedir. Y el abuelito que delira bajo la parra amarillenta. Y las chicharras perversonas que se agrupan colectivas a esperar el asueto del sol para atacar a abuelito y agilizar el tránsito.
Cae una uva verde de la parra. Y ya el presagio. Hace que la turra haga una pausa en la tarea diaria para anunciar al vacío la muerte de abuelito. Pero cómo sabe. Mamita está encerrada en la habitación de servicio. No alcanza a escuchar el final del radioteatro. Y Doldán que no aparece. Y se hace de noche. La turra sigue silbando entradita la noche. Lo que le enseño el pombero antes que naciera.

A veces caigo en la cuenta de que no sirve de nada esperar. Pero sin embargo espero. Que el teléfono suene. Pero no suena. Entonces. Desde el letargo capitán. Me hago marinero. Y salgo a caminar hasta llegar a la plaza. Donde me siento y asiento en repetidas ocasiones que la mejor forma de suicidio es tirarse en las vías ni bien se aproxima el tren y estrellarse contra el vidrio delantero antes de que el guardia se de cuenta. Tarde. Porque no puede hacer nada. Escapar. Huir. Alejarse. Evadir. Rechazar. Claudicar. Eludir. Ausentar. Molestar. Advertir. Nada. Que la advertencia es tardía y el guardia ya no puede hacer nada. Que cuando los miembros se destrocen sobre las vías ya estoy arriba junto a Perón tocando el arpita que me prestó San Pedro.